Los poemas de este blog son del poeta Javier Villegas Fernández y tienen derechos reservados de autor.

viernes, 16 de octubre de 2009

Poemas del libro "Perpetuo latido"

Esbozo biográfico

Nací de un estallido,
de la conjugación de la mudez y el grito,
soy hijo de la nieve y el granizo,
una extraña metamorfosis
de sílabas, espanto y muerte.
Nací con una llama insurgente,
sin demarcación geográfica
en el corazón, la palabra, el abrazo,
el ojo, el párpado, el infinito.
Soy hijo de un agricultor de sentimientos,
de una madre que velaba el fogón,
escondiendo su tristeza en los alisos.

Soy hijo del estruendoso
amor entre las rocas,
del júbilo del viento.
Los sonidos se parapetaron en mis huesos,
por eso soy musical en los bostezos.
Cuando nací,
el campo se vistió de mariposas,
de colibríes, de acentuados cantos,
y para ser rebelde,
conspiraron el viento, la luz, los pájaros.


Perpetuo latido

Escribo y describo
mi perpetuo latido,
en las hojas que cantan
más allá de mi lengua,
en las aguas silentes
embriagadas de música,
en la música absorta
que destila el silencio,
en las tardes ausentes
de mis ojos perennes,
en las mañanas de lluvia,
en la penas terrestres.

Yo que soy de este mundo
tan febril y tan vago,
a este mundo me debo,
me debo a mí mismo,
a mi terco latido,
a mi voz en el trigo.
No congelé mis suspiros,
no hipotequé mi latido,
mis cifras de ternura aún siguen firmes,
mi transparencia de agua está viva,
mi altura de cóndor, se eleva.

Soy lo que no quise ser,
soy lo que no seré,
vuelo en busca de alas,
de trinos encendidos,
no entregué mi sangre, mis sonidos,
no dejé de ser lo que apetezco,
soy sincero, en mi ojo me miro,
me miro en los caminos,
en la memoria me desclavo.

No soy polvo diluido en el olvido,
no soy el jamás de rostro arrepentido,
soy el perpetuo latido en mis recuerdos,
soy administrador de sonrisas y de labios,
el dador de luz en las ventanas,
el hacedor del grito en las montañas,
un surtidor de cantos para las murallas.


Hoy no estoy bien de mí

Me duele la sed y el hambre,
el duodeno me expulsa en blasfemias,
mi ojo se niega a ver el día,
mi pie tiembla, casi olvida su porfía,
no estoy bien de mí, me digo,
me toco, me miro hasta el fondo,
a pesar del dolor, hay un hombre cantando,
otro llorando, otro soñando, otro que no hace nada,
yo estoy allí vertebrando un recuerdo,
escuchando cada golpe del amor y del odio.

Hoy no estoy bien de mí,
hay ausencia de voces y de gritos,
tal vez me estalle el cuerpo, y tú me oigas,
tal vez el día muera y tú te vayas,
o quizás muera yo y no me vaya,
tanto dolor, ni una piedra,
tanto camino, perdida la huella,
tanta sed, muerta la lluvia,
tanto albañil, derruida la vida,
tanto poeta, hipotecada la palabra.
No estoy bien, eso es cierto,
he construido mi rostro de pronósticos,
los espejos negaron mis estaciones,
me recluí al fondo de mi sombra,
fui a verme nuevamente, quiero saber si soy.
A veces es necesaria la penumbra,
desde allí volveré a encenderme poco a poco,
sólo entonces seré el rojo diapasón,
para que los silencios canten,
como canta el búho a la ribera de la tarde.