
Por Carmen Vascones
El poeta Javier Villegas celebra la imaginación. La magia desborda inquieta como naturaleza en el génesis . La creación entorna el espacio con espacios sorprendentes, donde las nubes, los animales, las frutas dejan su estela silabaria en recuentos de escenas y garabatos.
El niño corre divertido en la página que engendró el “atrapador” del tiempo y del juego.
El amor se aromatiza, evoca al pistilo, en picos de “rondaflor” el polen danza. ¿Los pequeños desplazan al narrador o es la misma presencia del poeta niño aliado para siempre a esa presencia que es un presente llevadero de la infancia del ser?
La palabra sembrada en el jardín de los sueños no asusta, permiten mirar a los ausentes sin temor. Algo así como la vida cuidada por jardineros que cultivan secretos que no puede responder la razón.
El sol parece una nota brillante en el canto del gallo, la alegría llueve como pandereta girando alrededor de la luna.
El tiempo parece sirena montada en caballito de mar aprobando y desaprobando los ensayos de la ronda. ¿Quién no ha jugado alguna vez en su vida? ¿Por qué olvidar?
“Sueño teje, sueños borda/ y la alegría del niño/ parece que se desborda”.
Los habitantes del lenguaje orillan sus recuerdos, excavan en los silencios, indagan en las vivencias, sobrevuelan en letras mágicas, hablan con el campo, el río con todo y entre todos.
La palabra “anida en su voz la aurora”.
Los momentos se habitan y deshabitan con vuelos de golondrinas. Ellas vuelven con ofrendas de barro amasadas en la trompa del arco iris.
Red de cantos con plumillas de versos, pasos liberando al trompo del trajín que lo envuelve la piola, trotes de cansancio, y potrillos que vuelan y nadan en la memoria que empapa la alegría de la infancia.
Colibrí
Ave diminuta,
veloz saeta,
paleta de colores
nunca quieta.
Sinfonía del grillo
Incógnito de día,
de noche guitarrero.
Monótona sinfonía
del grillo serenatero.
Canción de las olas
Caballitos de espuma
que galopan en el mar,
con jinetes invisibles
y lindas crines de sal.
En su líquida sinfonía,
parece la vida cantar,
cuando enrumban a la playa
sus casquitos de cristal.
El niño y el picaflor
El niño se entusiasmaba,
viendo que en el jardín,
un picaflor volaba.
Sueños teje, sueños borda
y la alegría del niño,
parece que se desborda.
Alegría sin medida,
la del niño, en el jardín,
tuvo inicio, parece no tener fin.
El pingüino
Lomitieso, con su levita,
etiquetero por naturaleza,
con su parsimonia nos invita,
a respetar sus aires de nobleza.
Es piscívoro el pingüino,
a vivir en el frío no rehúsa.
Es la Antártida su hábitat genuino
y su romance una noble excusa.
El eterno novio, fiel y santo,
de andar siempre quimboso,
en el agua mojará su canto
y en la orilla paseará orgulloso.
Caballo de azar
Galopa, galopa,
de distancias goloso,
galopa mi alazán,
ebrio y airoso.
Galopa, galopa,
vence al viento,
galopa mi alazán,
con tu contento.
Galopa, galopa,
caballo de azar,
lleva mi dicha
en tu galopar.
Cangrejitos guerreros
Soldaditos de la arena,
infantes de la mar.
Cuéntenme, ¿qué capitán
les enseñó a guerrear?
Llevan lista la coraza
y camuflaje especial,
su guarida es un hoyo
cavado en el arenal.
Cangrejitos guerreros,
vigilantes de la paz,
soldados sobre las olas
y en la orilla del mar.
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